Enciende una luz…
Por: Carmen Carrero
Cuando cae la noche, una luz puede verse desde lejos. No importa cuán grande sea la oscuridad; una pequeña luz siempre tiene la capacidad de hacerse notar.
Jesús nos dijo:
"Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse."
Mateo 5:14, DHH
Estas palabras nos recuerdan que Dios nos ha llamado a ser luz, no porque seamos perfectas, sino porque Su luz vive en nosotras.
No somos la fuente de la luz. Cristo es la fuente.
Todo lo bueno que hay en nosotras viene primero de Él. Por eso podemos caminar con humildad y confianza, sabiendo que no dependemos de nuestras propias fuerzas.
Y lo más hermoso es que nuestra luz no es para que nos vean como el enfoque, sino para dirigir la mirada de otros hacia Dios.
Nuestra luz puede manifestarse de muchas maneras: una palabra de ánimo, una oración, un acto de amor, un abrazo o simplemente estar allí cuando alguien nos necesita.
Muchas veces no nos damos cuenta del impacto que una pequeña acción puede tener en la vida de otra persona.
Pero Jesús también nos recuerda que nuestra luz no debe ser escondida. En un mundo que muchas veces se siente oscuro, somos llamadas a brillar con valentía, amor y esperanza.
Por eso, hermanas, dondequiera que Dios nos haya colocado, tenemos una oportunidad de reflejar a Cristo.
Enciende una luz.
Sé esa palabra de esperanza.
Sé esa oración.
Sé ese abrazo.
Sé ese reflejo del amor de Jesús.
Quizás no podamos cambiar toda la oscuridad que existe a nuestro alrededor, pero sí podemos decidir brillar donde Dios nos ha puesto.
Y cuando nos observen, que puedan ver la obra de Jesús en nosotras.
Que nuestra luz siempre apunte y guíe a otr@s hacia Él.
